Prefiero que te vayas. Lejos, muy lejos de mí. Que nos separen millones de kilometros. Prefiero eso, a que
algún día te enteres de esos cosquilleos que me entran al verte. Principalmente, eso era un secreto. Aún
recuerdo esas tardes de invierno en las que solías susurrarme que no te separarías de mí. Nunca me sentí tan
feliz... Adiós. Todavía te quiero, y puede que siempre lo haga. Sé que nada podrá remplazarte. Pero es una
ventaja más que tengo. Tu ausencia dará lugar a mis llantos, pero también a mi tranquilidad. Ya no tendré
que llorar por algo IMPOSIBLE. Creo que he de decirte adiós. Por mucho que me duela. Tú solo me hacias daño, ya hasta un punto agobiante. Hasta hoy. Has desaparecido. Mañana, será un nuevo día sin ti. Ya no habrá porque llorar. Puede que me arrepienta. Pero ya no hay vuelta atrás.

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