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jueves, 12 de diciembre de 2013

Memories, by SG.

"Pasan los días cada vez más rápido, hasta que llega por fin el mes de Diciembre. Mes que nos hace reflexionar a todos, a darnos cuenta quien empezó el año con nosotros y doce meses después sigue aquí.
Diciembre es mes de ser feliz, de estar con los tuyos. De irte al centro de la ciudad y ver el alumbrado de este año de la mano de la persona que alegra tus días. Diciembre es mes de compartir un café de esos que te dejan el bigote lleno de espuma con aquella persona que te acompañe en momentos de plena felicidad.
Diciembre es mes de compañía, de demostrar que queremos y que nos demuestren que nos quieren.
Ese es el concepto global de Diciembre.

Pero la verdad es que Diciembre dejó de tener ese significado desde que te fuiste. Ahora paseo sola por las calles del centro, no por nada, sino porque era tradición nuestra desde hace años, y aún la sigo cumpliendo a ver si así te siento más cerca. Ya no tengo nadie a quien decirle que tiene el bigote lleno de café. Nadie con quien montar un árbol de navidad que alumbre el vecindario. 

En realidad, sé que desde el cielo pasa las navidades conmigo. Me acompaña al lado derecho del piano mientras toco, como solía hacer en estas fechas. Abro champán en noche buena aunque en realidad no debería, no tengo nada que celebrar.

Cuando llega el 31 de Diciembre sigo poniéndole sus doce uvas en la mesa, sin hueso, como a él le gustaba, con la falsa esperanza de que baje de ahí arriba para tomárselas conmigo, o si le viene mejor, subir yo. 

Recalco exactamente las mismas cosas que solíamos hacer año tras año sin cansarnos, solo que ya sin su presencia.

Es un vacío importante, la verdad. La gente me mira como si estuviera loca por pasear sola por la calle a altas horas de la noche. Aún recuerdo la noche del 25 de Diciembre de 2011, día de navidad. Día en el que todo el mundo está en armonía con el resto. Recuerdo esa noche, en el hospital, al lado derecho de una cama en la habitación 102 agarrando su mano, haciendo lo posible por no dejarlo ir. Pero realmente su alma se iba, no podía hacer nada. La verdad es que no diría que fueron las peores navidades de mi vida, al revés, las pasé a su lado, y aunque fueron las últimas, tenía la capacidad de hacerme feliz en cada momento, hasta en las malas. 

A veces pienso que la que debería cuidarlo desde arriba soy yo a él y no él a mí, yo me merecía más haber sufrido el accidente y estar en esa cama de hospital por la que pasaron numerosos enfermos, en la que se derramaron cien mil llantos de almas rotas, un raro 25 de Diciembre, y no él. 

Pero en fin, lo que pasó, pasó, ahora mis días consisten en contar los días que me quedan para subirme a su lado, para ocupar mi sitio junto a él, y por si queda mucho, habrá que acelerar el proceso."