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sábado, 28 de septiembre de 2013

"¿A dónde van esos besos que no se dan?.

Realmente no sé a quién pretendo engañar. Todo el mundo cree que ya no le quiero, que todo lo que sentía por él desapareció de pronto. Pero en el fondo, él lo sabe.
 Él sabe que yo todavía siento por él, que todavía se me para el corazón cuando me habla, o cuando le veo. Que todavía no soy capaz de decirle que se valla. Él sabe que sigo siendo suya, que todavía le tengo presente en mi día a día. No sé como, pero lo sabe.
Y en el fondo, aunque no quiera admitirlo, yo también lo sé. Sé que estoy viviendo una mentira, estoy fingiendo, sé que aunque estoy haciendo lo correcto quiero equivocarme con él. Quiero irme con él, dejarlo todo, que le jodan al mundo, y aunque sé que si hago eso me acabaré arrepintiendo quiero hacerlo, porque merecerá la pena. En realidad la gente cree que yo soy feliz con lo que tengo ahora, que no me puede faltar de nada, que la vida me 'sonríe'. Pero en realidad no, en realidad la vida me putea por no poder estar a su lado, en realidad debajo de mis sonrisas escondo todas y cada una de las palabras que no le he dicho aún. Todos y cada uno de los besos que tengo reservados para él, porque, como decía la canción, ¿a dónde van esos besos que no se dan?
En realidad lo único que quiero es evadirme de mi situación, lo que quiero es volver a mi vida de antes un tiempo, donde sólo existía él, porque la verdad, echo de menos quererle plenamente. Echo de menos tantas cosas suyas que no aguanto más.
Y aún cuando me dice que me quiere, aunque probablemente no lo diga de verdad me contengo para no decirle que le amo. Que fue el primero y francamente será el último. Me contengo para no decirle que quiero dejarlo todo por él, pero no creo que vaya a seguir conteniendo mucho tiempo.

Pasan los días.

“Y pasan los días y aquí sigo, sentada en el sofá con la esperanza de que suene el timbre, con el móvil al lado mientras llegan mensajes y mensajes y yo sólo espero uno tuyo.  Me levanto por las mañanas por la luz que entra por la ventana, antes lo hacía por tus besos en el cuello, y así sí que eran unos buenos días. Bajo y preparo el desayuno, esta vez con mi pijama, no con tu camiseta. En cada detalle veo que ya no estás. Noto tu ausencia a todas horas del día.
Y díganme, ¿qué se hace en estos casos? Decía la gente que habría más tíos en el mundo, y también mejores. Pero no era más tíos lo que yo buscaba. Buscaba ese algo que tiene, que le hace tan cabrón y a la vez tan especial. Todos mis amigos se creían que le había olvidado, pero sólo intentaba auto convencerme, en realidad sigo echando en falta sus besos, sus caricias. En realidad, echo de menos hasta las discusiones.
 Es como cuando te acostumbras a algo y de repente desaparece, se hace raro.  Pero claro, es cómo si me tuviera que quedar quieta sentada y ver como se aleja, ver como los días pasan y no llegan sus llamadas. Verle en conversaciones, ya no recientes y querer escribirle. Lo haría, sin duda, pero él ya no quiere más mensajes míos, tiene los de otra persona, supongo que le hará feliz.
Nunca fui la persona perfecta, tampoco quise serlo. Sólo buscaba hacerle feliz a mi manera. Y a lo mejor no lo hice, a lo mejor no me porté del todo bien con él, pero en el fondo le quise, y él no sabe cuánto. Y en realidad, nadie lo sabe. Sólo mis muebles sin vida, mi cama vacía.

Dijo que se iría y que se llevaría todas sus cosas, ya que no iba a volver. Se olvidó de su cepillo de dientes, aún lo conservo como recuerdo. Se olvidó de una camisa suya muy elegante, se la regalé yo. Pero se olvidó de otra cosa, se olvidó de mí, porque señores, yo era suya”.