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domingo, 10 de noviembre de 2013

«Lo dejo en tus manos, lo de irte digo».

Ya no me quiere, según dice. Ya no le hacen falta ni mis miradas, ni mis sonrisas, ni mucho menos, mis besos. Ya no los quiere. Ya le da igual mi presencia, le soy indiferente. Seguramente, ni si quiera eche de menos mis buenos días, ni mis buenas noches. No echa de menos mis 'te quiero' al despedirme. Tampoco extraña que le abrace de la manera que sólo yo lo hacía. Que le diga que es mi vida mientras sonrío, total, nunca me creyó. Por lo que veo ha aprendido a vivir sin mí, es feliz. Le veo sonriendo cada día mientras yo sigo rota por dentro después de todo. 

Pero sacando algo positivo, esa indiferencia significa que un día hubo algo. Que ahora mismo puedo decir que un día me quiso, un día habría muerto por mí porque me amaba como a nadie en este mundo. Puedo decir con toda tranquilidad que el mejor tío del mundo ha estado conmigo, aunque me equivoqué. Que hubo un día en el que era adicto a mis besos, a todas y cada una de las cosas que hacía o que decía. Que me quería todo lo que se podía querer a una persona, y, me voy tranquila, sabiendo que eso fue así. Siempre es mejor que nada.

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