¿Sabes qué? Que paso. Paso de rallarme para que tú no muevas ni un puto dedo. Paso de estar pensando todo el puto día si de verdad te importo o no. Paso, en serio. Aunque me encantes, aunque cuando te vea no pueda evitar sonreír, tengo un límite. Y no, no voy a arrastrarme más. Lo siento, pero no. Eso ya se acabó.
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